La innovación se define como la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores.

Pero la innovación sólo produce resultados positivos cuando la novedad que aporta ayuda a obtener ventaja competitiva.

Como ya indicamos en el anterior artículo para alcanzar el éxito hay que poner el foco en la competitividad. La ventaja competitiva de una empresa reside en la capacidad para detectar oportunidades críticas, planificar y desplegar su explotación, y adaptar los objetivos y las capacidades a los cambios externos e internos.

La competividad está relacionada con la búsqueda de oportunidades críticas, y la innovación puede ayudar a idear o descubrir nuevas oportunidades, así como nuevos métodos para su explotación, o para la adaptación de los objetivos y capacidades a los cambios externos o internos.

La innovación puede pues ayudar a la mejora de la capacidad competitiva. Pero la novedad no es una condición necesaria ni mucho menos suficiente para el éxito. El elevado índice de fracaso de las iniciativas innovadoras, muestran el frecuente error de enfoque: a menudo, se considera que la novedad garantiza el éxito. Es necesario entender que la innovación puede ser un medio, pero no es un objetivo en si misma. El objetivo debe de fijarse en el incremento de la competitividad.

En sucesivos artículos describiremos casos en los que la innovación tiene aportaciones muy diferentes al éxito de las empresas u organizaciones.

  • Zara, la máquina de hacer moda.
  • Hermes, la industria del lujo.
  • Google, la tecnología como ventaja.
  • ¿Walmart invencible?
  • Apple versus Nokia.
  • Telefónica ante la innovación.
  • Uruguay ¿ruptura o transformación?

Joaquín Vila-Belda
www.i3lab.es
Consultoría enfocada en competitividad